.
Museo Jacobo Urso

Club Atlético San Lorenzo de Almagro

Ubicación:  Acceso a Platea  Norte del estadio Pedro Bidegain
SITIO OFICIAL


Ayuda para mantener en

funcionamiento este sitio

depositar en Mercado pago

Cuenta: vaninamava.25

Muchas Gracias...!
.

.
 

 
por Alberto Barja
barjaalberto1950@gmail.com

@MuseoSanLorenzo

     ingresa   Ingresa al youtube del museo   ingresa   Ingresa  Ingresa al facebook del museo  Ingresa al twitter del museo 

 

UN MAGO DE LA PELOTA

 

Fue el motor creativo de un inolvidable equipo de San Lorenzo, con el que ganó el título en 1946 en compañía de Farro y Pontoni, con quienes formó un terceto célebre; también jugó en Juventus, Boca, Nacional, de Montevideo, y en el seleccionado. Ocupa el 3º lugar entre los goleadores del Ciclón, con 223 goles en 142 partidos…

 


Parados: Colombo, Vanzini, Zubieta, Blazina, GreccoY Basso
Agachados: Imbellone, Farro, Pontoni, Martino y Silva

.

 

A los 79 años falleció Rinaldo Martino, notable mediocampista de San Lorenzo, Juventus (Italia), Boca, Nacional (Uruguay) y del seleccionado nacional. Paradigma del fútbol argentino de los años 40.

 

 

Rinaldo Fioramonte Martino perteneció a esos tiempos en los que los apellidos eran marca registrada, alejados de cualquier vedettismo. Exquisito y gambeteador, hábil e inteligente, Martino conformó junto con René Pontoni y Armando Farro uno de los tercetos de ataque más famosos de la historia del fútbol argentino. San Lorenzo de Almagro fue el escenario, el club que vio brillar a esta trilogía en la que Martino poseía las riendas de la creatividad como entreala izquierdo, una denominación hoy en desuso que recaía sobre el número 10.

Nació en Rosario el 6 de octubre de 1921 y de pequeño desdeñó la escuela para abrazarse a la pelota de fútbol. Era el menor de nueve hermanos (seis varones y tres mujeres) y comenzó a jugar en el club Belgrano, de su ciudad natal, hasta que un delegado de San Lorenzo lo observó y le propuso viajar a Buenos Aires.

Ni lo pensó. La Reina del Plata lo seducía y a los pocos días ya estaba en Boedo, con 19 años, donde el húngaro Emérico Hirsch lo mandó a entrenarse con los jugadores de primera. Y pensar que su madre, María, lo ayudaba a escaparse a jugar los partidos sin que se enterara Benito, su papá, que no quería oír nada acerca de un hijo futbolista. Cuánta magia se hubiese perdido en el camino...

Para los tablones de avenida La Plata e Inclán era el Negro; pero la sana malicia de Colombo, un compañero suyo en San Lorenzo, lo bautizó para siempre Mamucho. Ocurrió cuando se lo comparó con Ángel Labruna y Martino contestó: "Labruna juega más mucho que yo", un embrollo lingüístico que lo dotaría del sempiterno apodo. San Lorenzo lo canonizó en 1946, cuando el equipo de Boedo consiguió el segundo título de su historia. Pero Martino ya estaba consolidado y su figura se paseaba con la camiseta del seleccionado argentino.

En el Sudamericano de Chile, en 1945, Mamucho logró un gol que él mismo calificó como el más importante de su carrera. Fue el tanto de la victoria ante Uruguay y por el que fue retirado en andas por sus compañeros: eludió a tres rivales y picó la pelota por encima de Roque Máspoli. Su magia no pasó inadvertida para los ojos del mundo. Los italianos de Juventus se lo llevaron al Viejo Continente, donde en la temporada 49/50 se consagró campeón en el calcio, con el club turinés, donde jugó 33 partidos y marcó 18 goles.

Vistió la camiseta del seleccionado italiano en una oportunidad y hasta se dio el gusto de participar en una película. Tenía todo para seguir triunfando en Europa, pero la tentación llegó en forma de Boca Juniors. Lo empujaba la nostalgia y... extrañaba el hipódromo. Sí, años después diría que ésa fue una razón de importancia para emprender el regreso. Martino, entonces, volvió a jugar para Boca, pero como el torneo ya había comenzado fue cedido a Nacional, de Montevideo.

Y su imán con el éxito continuó del otro lado del Río de la Plata, donde dio la vuelta olímpica con el conjunto tricolor. A su regreso a Boca, en 1951, el club xeneize no le dio demasiado lugar y las urgencias económicas desembocaron en la venta definitiva a Nacional. Martino extrañaba Buenos Aires y sus idas y vueltas de un lado a otro lo fueron cansando. Uruguay se había encariñado con Mamucho, que jugó algunos partidos más en Cerro.

Pero Martino dijo basta e hizo las valijas para afrontar en Buenos Aires su decisión de dejar el fútbol. Si la pelota se apropió de gran parte de su corazón, algo similar hizo el tango. Su pasión por el dos por cuatro lo llevó a regentear durante 18 años el célebre local Caño 14, donde formó sociedad, entre otros, con Atilio Stampone. A pesar de que renegaba del fútbol moderno, tenía su palco donde hasta hace algunos meses alentaba a su querido San Lorenzo, club en el que además presidía la mutual de ex jugadores.

 

INGRESA Y HACE EL PEDIDO

 
 

 
 

 
 

 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 




INGRESAR


.

  Usuarios Online:  

Hosted by Adapsis.com.ar